“Se necesita empleado para gasolinera, experiencia mínima 6 años” esta es una de las ofertas más surrealistas que me he encontrado publicada en una web de búsqueda de empleo, y no quiero desmerecer al trabajo en una gasolinera, pero ¿Tanta precisión hay que tener a la hora de echar gasolina a un vehículo? O ¿Qué parte técnica super avanzada se me escapa para ser fundamental ese periodo laboral para pulsar a la perfección el botón de Gasolina 95 a la hora de despachar a un cliente?
Este es un ejemplo extremo, pero lo que no lo es, es la exigencia de periodos de experiencia, en mi opinión, muy por encima de lo realmente necesario y justo, porque a mi la vergüenza me impediría pulsar el botón de publicar para ofrecer un trabajo con remuneración cercana al salario mínimo, y una experiencia laboral obligatoria de varios años, a parte de alto nivel de idiomas, para empresas que lo más cerca de necesitar el inglés o cualquier otro idioma extranjero sea para entender la canción de moda que esté sonando en la radio en ese momento.
Además, la gran pregunta es, si todos pensáramos así ¿Cómo una persona sin experiencia la adquiere? Porque hasta donde yo sé aún no se ha inventado ningún mecanismo parecido a un pen drive con el que adquiriéramos todo el conocimiento logrado en años en un instante. Pero además esto tiene un lado triste, y es la falta de memoria que tenemos con el paso de los años, y es que al igual que cuando vemos un coche de la autoescuela le pitamos por lento, se nos olvida que nadie ha nacido con experiencia o sabiendo las cosas, y que gracias a que en algún momento alguien valoro otras cosas para contratarnos, nunca la hubiéramos obtenido.
¿Pero este es el motivo por el que creo profundamente que hay que contar con gente joven, aunque no se tenga experiencia? Pues podría quedar muy bien diciendo que sí, pero sería un cínico si lo dijera. Y es que realmente considero que es positivo para las empresas.
Y no me malinterpretes, la experiencia en necesaria en muchas ocasiones, como a la hora de contratar puestos directivos, o para puesto de los que nadie tiene conocimientos en la empresa. Pero cuando esto no sucede, para mi de lo que haya trabajado la persona seleccionada previamente carece casi de importancia, porque no nos engañemos, y es que salvo que estés leyendo esto siendo médico, arquitecto o astrofísico, ninguna profesión es tan difícil de aprender, como para que se nos vaya “la pinza” con las exigencias.
Y ¿Qué es eso que valoro por encima para la selección de personal? Pues fundamentalmente las ganas de aprender, de adaptarse y de remangarse para sacar el trabajo adelante, ya que ¿De que vale tener 35 años de experiencia si cuando haya que hacer ciertas cosas no las vayas a realizar porque tienes demasiados galones como para bajar al fango? A mí al menos de absolutamente nada.
Pero bueno he de reconocer que esta mentalidad entre el colectivo empresarial español es tan popular como el matrimonio entre personas del mismo sexo en la cúpula de la Iglesia Católica, así que solo me queda soñar con que esto alguna vez cambie y que cada vez seamos más lo que pensamos así.